Autorretrato

Dora Cifone, Autorretrato 1929, óleo sobre tela, 129,5 x 99, 5 cm, Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti

Mi vida está atravesada por el arte.

Pintar es un proceso cargado de sentido y que a su vez le da curso a mi existencia. 

En el año 1929, cuando tenía 33 años, pinté un cuadro al que llamé Autorretrato, una pintura donde soy sujeto de mi propia obra. 

Tiempo después, en 1931, la doné al Museo Provincial de Bellas Artes con el entusiasmo de que algún día sepan de mí. 

Haber hecho esa pintura me empodera. Soy la protagonista y aparezco como quisiera que se me conozca y recuerde : una Pintora Argentina. 

El cuadro está pintado con óleo sobre madera y sus medidas son 103 x 74 cm. Tengo puesto un saco grande, verde y cómodo que me encanta, y con mis manos sostengo mi pincel favorito y la paleta, donde estoy a punto de formar el color rosado para comenzar a pintar. Una escena típica de mi vida cotidiana como pintora. 

No voy a contarles mucho más sobre esta pintura porque me interesa que ustedes puedan imaginar qué estoy mirando, dónde estoy y cómo sería la obra que estoy por hacer. ¿Se animan?      

Sí quisiera contarles un poco más sobre mí. Me llamo Dora Cifone. Nací el 12 de febrero de 1898 en Buenos Aires. Soy de acuario. 

Además de pintura, estudié dibujo y grabado. Viajé a Europa, y también estudié en la Universidad Nacional de La Plata. El arte me hace sentir libre de expresarme. 

Soy profesora de dibujo. 

Compartí mi taller con Emilio Pettoruti, quien fue director del Museo Provincial de Bellas Artes. Fue tan importante su rol como gestor, que hoy el Museo lleva su nombre. Hay una o dos obras de su autoría en la colección.

Ernestina Rivademar también fue muy importante para la institución, ya que fue su primera directora. Gran artista. Aquí en esta muestra pueden ver una de sus obras, se las recomiendo. Después me cuentan qué les pareció. 

Otra de las obras que me emociona mucho de esta muestra, es una nueva adquisición que se titula ‘Mi nombre empieza con la misma letra que la pintura, el paisaje y la poesía’

Se trata de una escultura de la artista contemporánea Pilar Cuevas. En la obra, aparece una cita a mi autorretrato! entre citas a otros autores increíbles. 

No se imaginan cuánto me emociona que las nuevas generaciones de artistas me conozcan y puedan darle nuevos sentidos a mis trabajos. Misión cumplida para mí.  

Dora Cifone x María Emilia Hendreich.

Texto de sala para exhibición Rebeliones Hermanas del MPBA

Año 2023




Nostalgia infinita de que se acabe el día

Una calle de Segovia (España), 1918, Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti.

¿A ustedes les pasa que cuando me ven los invade una nostalgia infinita, pero al mismo tiempo, sienten que una brisa de otoño les acaricia la cara? Eso es lo que yo siento. 

La próxima vez que vengan al Museo, me encantaría que me cuenten qué les pasa cuando me ven, aunque seguro falta para ello. 

Falta porque hace poco salí del depósito y estuve en la muestra Paisajes de la colección, con otras obras que me gustan mucho y son muy distintas a mí. 

Durante esa muestra mucha gente me sacó fotos, dijeron que admiraban a quien me pintó…

Y alguien dijo que yo era su pintura favorita. 

Esa persona quiso aprender sobre color después de verme. Ese fue el día que escuché que Fray Butler desaturaba los colores con blanco. Por eso mis colores son tan suaves, como la brisa de otoño de la que les hablé, esa que me acaricia la cara todo el tiempo. 

Claro está que yo lo vi pintar muchas veces, pero escuchar en palabras de otrxs su procedimiento, me hizo dar cuenta de lo que mi creador me ha enseñado y hoy quiero compartir con ustedes. 

Él, pocas veces usaba el color directo del pomo. Muchas veces mezclaba los colores unos con otros, para así alcanzar unos que se llaman, si mal no recuerdo, quebrados. Esos que se logran cuando mezclas los opuestos, dijeron en el Museo mientras hablaban de mí. A veces llegaba a diferentes marrones, pero otras simplemente le quitaba intensidad a determinado color, pero sin cambiarlo del todo. 

Después, o solamente,  les ponía blanco para que la atmósfera de la obra sea tono pastel, sutil, atemporal pero bien iluminada. 

En algunas pinturas la paleta es más colorida, en otras más quebrada o apagada. Lo que sí todas tenemos en común, es ese aire de desolación que nos invade, y el rastro que una persona solitaria ha dejado, donde el tiempo se ha detenido a su paso. 

Seguramente tenga que ver con lo que él estaba sintiendo al pintar… Lo sé porque siempre decía que el arte estaba para eso, para transmitir los sentimientos más profundos a quienes lo observan. 

María Emilia Hendreich para Memorias del Museo, Voces del Patrimonio, Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti.

Abril 2022

Premio 321

Llegó el día. Voy a conocer la galería en la cual dentro de un año y un par de meses, haré mi próxima muestra. De hecho, la segunda muestra individual que haré en mi vida. 

La anterior fue la de la Tesis, El Imaginario, en Vincent,.City Bell 

Esta vez será en Capital, cosa de locos para mí. 

Bueno, la cita es a las 17:00 del martes 14 de enero del 2020. Debía ir a trabajar, pero no fui. Por suerte, ya que hubo una tormenta infernal durante toda la mañana. 

Para mi asombro, a la hora que debía irme, el cielo se despejó y salió el sol. Perfecto.

Llegué media hora antes, me tome una limonada con menta y jengibre light en el bar de la esquina, y esperé a que por lo menos fuesen las 16:45. 

-Tomé rapidísimo la limonada, mientras hablaba con Consu, me sacaba Selfies y le enviaba una foto de la elegante señora que estaba delante mío mirando hacia la avenida Córdoba.

Se hicieron menos cuarto. No me terminé el vaso, pero me fui sin más, pues ansiedad. 

Crucé la avenida Córdoba, y me dirigí hacia Paraná. 

Antes de llegar, entré a una zapatería bizarra. Todo de plástico, o casi todo. Esas chanclas que se usan ahora, de todos los colores pero en estas (a diferencia de las Adidas que tienen las rayas, o las Nike que tienen el tic) donde va el empeine dicen ‘FARAÓN’. Buenisimas, de ‘charol’. Les saqué una foto, me imaginé a Fran con ellas. Le van a encantar. Me olvidé de mostrarselas, ya que estaba nerviosa, apurada, con todo y nada en la cabeza. Entré y salí un par de veces, miré la hora y eran menos 5. Chau, muchas gracias.

La galería está escondida sobre esa misma calle en la que estaba. En ningún lado figura que es una galería, solamente hay un cartel que sobresale de la pared, por encima mío, que dice ODA. (oficinas de arte). Más abajo hay 3 timbres. 

En una letra pequeña dice ODA, y en los demás nombres, creo. El nombre de la Galerista, no sé cual tocar. 

Me arriesgué. Toqué y pippp, sonó la puerta. Así que empujé y entré. 

Escaleras. Mármol. Todo impecablemente limpio en tonos neutros. 

Subí las escaleras, deteniéndome apenas en las fotografías exhibidas, pero sin realmente observarlas. Ya ni me las acuerdo, creo que eran en blanco y negro. 

Seguí subiendo y ahora si, pude distinguir una fotografía de la galerista, es un autorretrato vertical. Debe ser por acá, pensé. Me asomé y vi una muestra en una sala, así que toqué el timbre que se encontraba al costado de la inminente puerta. 

Apareció Laura. La bellísima galerista. La salude nerviosa y le pregunté si era temprano. Me dijo no, Eduardo ya llegó. (Él es quien hará mi seguimiento y será el curador de la muestra, ¡Qué honor!) Ahora esperaremos a Vero, me dijo; Quien junto a Eduardo me seleccionaron para la muestra. 

Bueno, saludé a Eduardo, que estaba mirando un libro de un artista que trabajaba todo con cartón. Obras espectaculares, o más bien sorprendentes. 

Me sentí rara, pero por lo inminente del lugar, y la formalidad. El sillón con una manta de pelo de algún animal… 

Bueno, mientras esperamos me voy a ver la galería, ya que no me aguanto. 

Wow. Es enorme.Laura me dice ‘Vas a tener que trabajar mucho’. Yo la mire y asentí.

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